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BAUTISMO

A través de este Sacramento somos lavados de nuestros pecados.  Recibimos la gracia más importante para nuestra salvación y Dios nos adopta como sus hijos. Se nos invita a cambiar de  vida y a vivir como verdaderos hijos de Dios, reconociendo a Dios como Padre.  A través del Sacramento del Bautismo nos incorporarnos a su Iglesia y nos comprometemos a ser fieles a Dios y a servir a nuestros hermanos.

Bautismos Comunitarios

En los bautismos comunitarios se bautiza un determinado numero de niños.  La belleza de los bautismos comunitarios radica en que son una verdadera y clara expresión de la universalidad de la Iglesia que congrega a todo tipo de personas y varias familias que profesan una misma fe y celebran un solo Bautismo.

Bautismos Privados

Los bautismos privados suenan como  algo muy exclusivo VIP y en realidad lo son. En muchas iglesias se han omitido dada la escasez de ministros o la saturación de actividades parroquiales. Se trata de la misma celebración del Bautismo que se hace para varios niños, sólo que con la comodidad de estar acompañado de mis invitados y mis seres queridos.  El Bautismo privado, no agrega ni quita gracia ni significado. La gracia de Dios actúa tanto de la misma manera en los bautismos privados como en los comunitarios.

PENITENCIA

Al sacramento de la Penitencia y a la Unción de los enfermos se les conoce como sacramentos de curación. Ambos sacramentos producen sanación del alma, la mente y el cuerpo, es decir, la persona humana en su totalidad.

A este sacramento se le conoce también como el sacramento de la Reconciliación o la Confesión de los pecados.  El Catecismo de la Iglesia citando a Lumen Gentium nos dice: “Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LG 11) (1422).

¿Quién puede acercarse al sacramento de la Penitencia?

Todo bautizado con uso de razón que ha caído en pecado y ofendido a Dios con sus malas acciones necesita acercarse a pedir perdón a Dios y reconciliarse con la Iglesia, a través de este Sacramento.  Los que van a hacer su Primera Comunión deben acercarse al Sacramento de la Penitencia antes de recibir la Eucaristía.

REQUISITOS PARA UNA BUENA CONFESION

  1. Tener uso suficiente razón para reconocer los pecados y pedir perdón.
  2. Examinar la conciencia .
  3. Sentir repugnancia por las malas acciones o sentirse avergonzado de los pecados.
  4. Pedir perdón a Dios desde el fondo del corazón.
  5. Hacer la promesa de no pecar más y alejarse de las situaciones de pecado.
  6. Confesar los pecados al Sacerdote.
  7. Recibir la absolución de nuestros pecados por parte del sacerdote.
  8. Reparar el daño cometido si fuera posible y hacer obras de misericordia.
  9. Cultivar un espíritu de oración y penitencia.

EUCARISTÍA

Es el tercero de los sacramentos de la iniciación cristiana.  A la Eucaristía también se le llama Misa, o Fracción del Pan.  La Misa es la celebración del Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo.  En la Eucaristía se nos invita a participar del Banquete del Señor Jesús en el que nos da a comer su Cuerpo y a beber de su Sangre para poder tener vida en nosotros.  Además, nos invita a que nosotros mismos lo sigamos haciendo como memorial suyo.   Cuando una persona recibe por primera vez el  Cuerpo y la Sangre de Cristo, decimos que “hizo su Primera Comunión”.  Una persona puede y debe Eucaristía tan seguido como pueda.  A diferencia del Bautismo y la Confirmación que solo se recibe una sola vez, la Eucaristía se puede recibir toda la vida y cuantas veces sea necesario.

¿Quién puede recibir la Eucaristía?

Todo bautizado católico con suficiete uso de razón que este debidamente preparado espiritualmente.  El Catecismo de la Iglesia enseña: “La Iglesia obliga a los fieles “a participar los domingos y días de fiesta en la divina liturgia” (cf OE 15) y a recibir al menos una vez al año la Eucaristía, s i es posible en tiempo pascual (cf CIC can. 920), preparados por el sacramento de la Reconciliación. Pero la Iglesia recomienda vivamente a los fieles recibir la santa Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días” (1389).

Link:   https://youtu.be/cM6_Y6NZoyM

REQUISITOS:

+Ser un bautizado en la Iglesia Católica.

  • Si ya hizo su Primera Comunión:

Las personas deben examinar su conciencia antes de acercarse a comulgar y confesarse frecuentemente para estar libres de pecados mortales.

  • Si no ha hecho su Primera Comunión:

La Persona debe asistir a un programa de Catequesis ya sea para adultos o para niños.  Este programa tiene una duración de dos años.

Nuestras catequesis podrán hacerse en línea desde la comodidad de tu hogar.  Aun cuando no hayas hecho tu Primera Comunión es importante que comiences a cultivar la oración personal y la meditación de la Palabra de Dios.

Enlace

https://youtu.be/PRyOuqR53a8

CONFIRMACIÓN

Este sacramento es parte de los 3 sacramentos de iniciación cristiana junto con el Bautismo y la Eucaristía.  La Iglesia nos enseña que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. (CIC 1285).  El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que en el Sacramento de la Confirmación se llega a la plenitud de la gracia del Bautismo, porque en este sacramento es el Espíritu mismo quien realiza la obra en plenitud. En el Sacramento de la Confirmación se nos da el Espíritu Santo que nos capacita para la Misión de la Iglesia, nos da la fuerza para testificar a Cristo Vivo.

¿Quién lo puede recibir?

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: “Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación (CIC889, 1).  Puesto que el Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que “los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno” (CIC, 890), porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta”.(1306)

REQUISITOS:

  1. Haber recibido el Bautismo válidamente.
  2. Participar con gusto en el programa de catequesis de dos años.
  3. Mostrar interés por conocer y profundizar en el contenido de la fe Católica.
  4. Asistir a Misa los domingos.
  5. Ser capaz de demostrar que ha entendido y esta convencido de su fe Católica.
  6. Invitar a un Padrino o Madrina que le acompañe en su caminar de fe.

MATRIMONIO

El Catecismo de la Iglesia nos enseña: “1601 “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados” (CIC can. 1055, §1)

El matrimonio en el orden de la creación

1603 “La íntima comunidad de vida y amor conyugal, está fundada por el Creador y provista de leyes propias. […] El mismo Dios […] es el autor del matrimonio” (GS 48,1). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta institución no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la unión matrimonial. “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47,1).

1604 Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla”» (Gn 1,28).

El matrimonio bajo la esclavitud del pecado

1606 Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas, las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal.

1607 Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con Dios, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comunión original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios recíprocos (cf Gn 3,12); su atractivo mutuo, don propio del creador (cf Gn 2,22), se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia (cf Gn 3,16); la hermosa vocación del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra (cf Gn 1,28) queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan (cf Gn 3,16-19).

¿Quién puede recibir el sacramento del Matrimonio?

1625 Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. “Ser libre” quiere decir:

— no obrar por coacción;
— no estar impedido por una ley natural o eclesiástica

ENLACE:  https://www.youtube.com/watch?v=8jJ3dhk9MzE&t=7s

1626 La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como el elemento indispensable “que hace el matrimonio” (CIC can. 1057 §1). Si el consentimiento falta, no hay matrimonio.

1627 El consentimiento consiste en “un acto humano, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente” (GS 48,1; cf CIC can. 1057 §2): “Yo te recibo como esposa” — “Yo te recibo como esposo” (Ritual de la celebración del Matrimonio,  62). Este consentimiento que une a los esposos entre sí, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos “vienen a ser una sola carne” (cf Gn 2,24; Mc 10,8; Ef 5,31).

REQUISITOS:

  • Estar bautizados válidamente, ambos o al menos uno de los cónyuges.
  • Estar solteros y libres para casarse.
  • No tener ningún impedimento para casarse de los que marca el Derecho Canónico.
  • Presentar documentos como Acta de Matrimonio al Cilvil o Licencia para casarse.
  • Un testigo por cada uno de los contrayentes.
  • Firmar los contratos de presentación y entrevistarse con el sacerdote de su parroquia.
  • Recibir una serie de catequesis o pláticas prematrimoniales.
  • Se sugiere que las personas no hagan reservación de otros servicios hasta que aseguren que tienen su fecha de bodas asegurada en su parroquia.

ENLACE:

https://www.youtube.com/watch?v=BofBT7nsPUI&t=5s

ORDEN SACERDOTAL

Este es el sacramento que hace a los sacerdotes o los presbíteros de la Iglesia.  El Catecismo de la Iglesia nos dice: “el Orden y el Matrimonio, están ordenados a la salvación de los demás. Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios” (1534). Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

REQUISITOS:

  • Ser bautizado y haber recibido los sacramentos de la iniciación cristiana.
  • Consultar con su el sacerdote de su parroquia.
  • Contactar la oficina de vocaciones de su diócesis. Solicitar al Obispo su deseo de ser sacerdote.
  • Recibir la formación académica, humana, espiritual y pastoral necesaria para la vocación sacerdotal.
  • Gozar de buena fama y apoyo de la comunidad de la iglesia.

El sacramento del Orden se confiere solamente a los varones a través del rito de Ordenación u Ordenatio en Latín.  Este sacramento confiere el don del Espíritu Santo que te da la gracia de revestir a la persona que lo recibe otro Cristo, para que realice las obras de Cristo para la salvación de las almas. 

Para conocer mas acerca de vocación sacerdotal o vida religiosa consulta

Diócesis de Oakland-Vocaciones

 

¿Quién puede recibir el sacramento del Orden Sacerdotal?

Cualquier varón que sienta el llamado o vocación de consagrar o dedicar su vida exclusivamente al servicio de Cristo; que desee renunciar a sus bienes personas a los que como persona tenga derecho para dar prioridad a la misión salvadora de Cristo y de la Iglesia.

Esto nos dice el Catecismo de la Iglesia: “1577 “Sólo el varón (vir) bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación” (CIC can 1024). El Señor Jesús eligió a hombres (viri) para formar el colegio de los doce Apóstoles (cf Mc 3,14-19; Lc 6,12-16), y los Apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores (1 Tm 3,1-13; 2 Tm 1,6; Tt 1,5-9) que les sucederían en su tarea (San Clemente Romano, Epistula ad Corinthios 42,4; 44,3). El colegio de los obispos, con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación (cf Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem, 26-27; Id., Carta ap. Ordinatio sacerdotalis; Congregación para la Doctrina de la Fe decl. Inter insigniores; Id., Respuesta a una duda presentada acerca de la doctrina de la Carta Apost. “Ordinatio Sacerdotalis”).

1579 Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas” (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf PO 16).

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Este Sacramento está dentro del grupo de los sacramentos de curación.  La carta de Santiago asegura que la oración hecha con fe sanará al enfermo y si ha cometido pecados le serán perdonados.

“Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros , toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios” (LG 11)

«Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos (cf Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento: DS 1695, cf St 5, 14-15). 

El Catecismo nos enseña: 1514 La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez” 1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

¿Quién puede recibir este sacramento?

Cualquier persona que haya  sido bautizada sin importar su edad. 

REQUISITOS

  • Ser Bautizado.
  • Pedir el Sacramento de la Unción
  • Estar en situación delicada de salud ya sea por enfermedad o edad avanzada.
  • Solo lo puede administrar el Sacerdote o el Obispo.